«Te estoy tejiendo un par de alas, sé que te irás cuando termine…pero no soporto verte sin volar»
Andrés Castuera
Nadie nos preparó para ser padres. Y fácilmente entramos en el juego cultural de “ser buenos papás”: dar lo que no tuvimos, compensar nuestras heridas, hacer de los hijos un proyecto de vida. A veces, los convertimos en proyecciones de nuestros sueños, frustraciones y carencias.
Al liberarnos de la necesidad de “ser un buen padre” —con todo lo que esa idea conlleva— descubrimos que lo relevante no es lo que nuestros hijos, otras personas o incluso nosotros mismos pensemos de nuestro rol como padres, lo relevante es ELLOS, nuestros HIJOS; son las herramientas que les damos para que se desarrollen como personas; estando presentes, escuchando, acogiendo, respetando, reconociendo lo que necesitan.

Cuando ya no buscamos la satisfacción en ser un “buen” papá, nos enfocamos en acompañar, sin condiciones, sin distracciones, sin sobreproteger, enseñándoles y dándoles herramientas para que tomen decisiones y que se hagan cargo de las consecuencias, poniendo límites con afecto, sosteniendo sin invadir, corrigiendo sin herir, abriéndolos a la posibilidad de equivocarse, de reconocer el error, pedir disculpas y aprender, de elegir cuándo hablar… y cuándo ejercer el derecho al silencio,
Te amo hagas lo que hagas, digas lo que digas, pienses lo que pienses. Si te equivocas, hazte cargo. Este es tu espacio seguro.Y siempre, siempre, estaré aquí para ti
Ser padre es liberarlos de cualquier deuda emocional; nuestros hijos no nos deben nada, no están para cuidarnos en la vejez, ni para hacerse cargo de nuestras decisiones o errores económicos, emocionales o relacionales, no están para compensar nuestra soledad.
Es clave quitarles la carga de que crean que hicimos “sacrificios” por ellos, que hicimos cosas renunciando desde la víctima; son nuestra responsabilidad y decidimos desistir de ciertas cosas desde la decisión consciente, no nos deben NADA.

La paternidad es un proceso que nos permite sanar, nos da la oportunidad de revisitar nuestras heridas, nos invita a entender a nuestros propios padres, a ser versiones conscientes de nosotros mismos, a cortar patrones familiares erráticos, a criar desde la libertad lo que alguna vez fue condicionado. Es la posibilidad de ejercitar la humildad al reconocer que en ocasiones (muchas ocasiones) no sabemos lo que hacemos y que nos vamos a equivocar, es poder decir honestamente “lo siento, me equivoqué”
Como dice Joseph Knobel:
«La vida es un camino de la dependencia total a la independencia total.Y para lograrlo, es fundamental el papel que desempeñan papá y mamá»

